Si tocas la guitarra casi todos los días y tienes la sensación de que tocas igual que hace seis meses, en este post veremos por qué pasa esto y qué puedes hacer para salir del bucle.
Y te adelanto ya la conclusión ya que no quiero que te vayas con la idea equivocada: no es un tema de talento, ni de tiempo, ni de edad. Es un problema del rumbo que sigues.
Divagar con la guitarra es eso que hacemos muchas veces: te sientas, tocas el riff que ya te sale, te vas a la pentatónica de siempre, repites cuatro acordes bonitos, pruebas el principio de una canción que nunca terminas, y de repente ha pasado una hora. Te lo has pasado bien y no has aprendido absolutamente NADA.
¿Por qué divagar se siente como practicar?
Porque suena bien. Cuando divagas, tus dedos van solos a lo que ya dominan. No hay errores, no hay notas que suenen mal, no hay esa sensación incómoda de “esto no me sale”. Y como suena bien, tu cabeza lo interpreta como que estás progresando.
Pero solo se llega a a aprender de verdad en el límite de lo que no sabes hacer, y ese límite es justo el sitio donde suena mal. Si en toda tu sesión no ha habido ni un momento de incomodidad o de dificultad por algo nuevo, no ha habido práctica. Lo único que has hecho ha sido darte un concierto a ti mismo.
Es como ir al gimnasio y hacer solo el ejercicio que mejor se te da, con el peso que ya levantas sin esfuerzo, durante una hora.
Las 3 señales de que estás divagando
Test · 8 preguntas · 1 minuto
¿Practicas o estás divagando con la guitarra?
1. No sabrías decir qué has practicado hoy.
Si al soltar la guitarra te pregunto “¿qué has trabajado?” y la respuesta es “pues…he estado tocando”, eso es divagar.
2. Empiezas siempre por lo mismo. Ese riff, esa escala, esa introducción. Es tu zona de confort y te la sabes de memoria. Yo también tengo la mía, no pasa nada, pero si la sesión entera ha girado entorno a ella, mal vamos.
3. Nunca terminas nada. Tienes doce canciones empezadas y ninguna acabada. Este es el síntoma más claro y el que más veo en alumnos que llevan tiempo tocando por su cuenta.
Y ojo, no te estoy diciendo que divagar sea malo. Divagar es una de las mejores cosas de tocar la guitarra y de ahí salen ideas, canciones y ratos estupendos. Lo que no puede ser es que divagar sea todo lo que haces.
Cómo dejar de divagar: separa las dos guitarras

Esto es lo único que tienes que interiorizar de todo este artículo. Hay dos guitarras distintas y no se pueden tocar a la vez.
– La guitarra de practicar: despacio, con un objetivo concreto, aburrida a ratos, con errores.
– La guitarra de disfrutar: rápido, sin pensar, sin metrónomo, sin objetivo.
El error de todo el mundo es mezclarlas. Empiezas practicando un cambio de acorde, a los dos minutos te vas a tocar otra cosa porque te apetece, y ya está: la sesión se ha convertido en divagar con pausas.
Sepáralas físicamente. Primero practicas, y cuando terminas, sueltas el papel y tocas lo que te dé la gana. Eso segundo es tu premio, no tu castigo.
[IMAGEN: reloj o temporizador al lado de la guitarra]
Una rutina de 20 minutos para dejar de divagar
No hace falta que toques dos horas. Con 20 minutos bien puestos avanzarás más que con una hora de dar vueltas. Y si tienes más rato, mira esta otra propuesta.
1. Antes de tocar, escribe una sola frase. En un papel, en el móvil, donde sea: “hoy trabajo el cambio de Do a Fa”. Una sola cosa. Si escribes tres, no vas a hacer ninguna.
2. 5 minutos de calentamiento con metrónomo. Cualquier ejercicio cromático sirve, pero con el metrónomo puesto y a una velocidad a la que te salga perfecto. No a la que casi te sale.
3. 10 minutos con la frase del punto 1, y solo con eso. Aquí está todo el valor de la sesión. Si es un cambio de acorde, lo haces cien veces. Si son cuatro compases de un solo, son esos cuatro compases y no el solo entero.
4. 5 minutos de repaso de algo que ya sabes, pero tocado entero. Sin parar, sin corregir, sin volver atrás. Entero aunque te equivoques. Esto es lo que te va a permitir tocar delante de alguien algún día.
5. Y ahora sí, divaga todo lo que quieras. Sin sentirte mal por ello. Te lo has ganado.
Eso sí, el requisito es que el punto 3 sea siempre algo que hoy no te sale. Si te sale, no toca practicarlo. Toca elegir otra cosa.
El truco del cuaderno (esto es lo que separa a los que avanzan)

Ten un cuaderno al lado de la guitarra y escribe dos líneas al terminar: qué has trabajado y a qué velocidad del metrónomo has llegado.
Parece una tontería. Es lo que más resultados da de todo lo que te he contado.
Primero, porque te obliga a tener algo que escribir, y no puedes escribir “he estado tocando”. Segundo, porque dentro de tres meses vas a abrir ese cuaderno, vas a ver que en marzo ese pasaje lo hacías a 60 y ahora lo haces a 100, y vas a saber, con un número delante, que sí estás avanzando.
Porque el problema muchas veces no es que no avances. Es que avanzas tan despacio que no lo notas, y sin una referencia escrita tu cabeza te dice que sigues igual. Y no sigues igual.
Entonces, ¿cuánto tardaré en notarlo?
Menos de lo que crees, pero no mañana. Con esta rutina, en dos o tres semanas empiezas a notar que las cosas que antes te costaban ya no te cuestan. En dos meses lo nota alguien de fuera.
Y si un día no te apetece nada y solo quieres divagar, divaga. Un día no rompe nada. Lo que rompe es un año entero divagando y creer que eso era practicar.
En definitiva: la próxima vez que cojas la guitarra, decide antes qué vas a trabajar. Con esa sola frase escrita en un papel ya vas por delante de la mayoría.
¿Y tú? ¿Cuánto rato de los que tocas dirías que estás divagando de verdad?






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